2.5 Xavier Zubiri
Contenido
Parte del curso de Filosofía de la religión.
1. Introducción: Apuntes de su biografía intelectual
Xavier Zubiri Apalategui (1898-1983) fue un destacado filósofo español. Se licenció en filosofía en Lovaina, se doctoró en teología en Roma y en filosofía en Madrid, bajo la dirección de Ortega y Gasset. Fue catedrático de historia de la filosofía en la Universidad de Madrid. Estudió con Husserl, Heidegger y Einstein en Alemania, y con De Broglie en París. Fundamentalmente, realizó estudios de lingüística e historia de las religiones.
Tras la guerra civil, enseñó brevemente en Barcelona y luego dictó cursos privados de filosofía en Madrid a partir de 1945, que atrajeron a importantes intelectuales. Su producción escrita fue escasa durante muchos años, publicándose sus obras más importantes al final de su vida y póstumamente. Entre ellas destacan Naturaleza, Historia, Dios; Sobre la esencia; Inteligencia sentiente; y El hombre y Dios.
Para Zubiri, la filosofía es una búsqueda perpetua de la verdad y el conocimiento pleno de la realidad, que proporciona un gozo profundo, aunque no exento de esfuerzo y decaimiento. El ser humano aspira a esta felicidad que posee Dios, fundada en la plenitud transparente del ser. Somos "filo-sofos", amigos del saber de lo más real, que nos permite realizarnos plenamente. La amistad con la sabiduría es, como decía Aristóteles, lo más necesario de la vida.
2. Filosofía primera. Una alternativa a la fenomenología: la «aprenhensión»
La filosofía madura de Zubiri busca superar el método fenomenológico y fundar una filosofía más allá del realismo clásico y el idealismo moderno. Para ello, traslada la indagación desde la «conciencia» (Husserl), la «vida» (Ortega) y la «comprensión» (Heidegger) hacia la «aprehensión», convirtiendo el análisis de la «aprehensión humana» en el objeto primario de la filosofía.
En el acto de aprehensión hay dos momentos equivalentes: la aprehensión de la cosa y la cosa en tanto que aprehendida. Zubiri considera que el realismo antiguo y el idealismo moderno erraron al dar prioridad a uno sobre el otro, ya que saber y realidad son análogos e inseparables. No hay saber sin realidad, ni realidad sin saber. «Realidad es el carácter formal —la formalidad— según el cual lo aprehendido es algo “en propio”, “algo de suyo”. Y saber es aprehender algo según esa formalidad».
El saber elemental y radical no es «conocimiento», sino la aprehensión de algo según la formalidad de realidad, lo que Zubiri llama «intelección». Intelección y realidad son inseparables en la aprehensión, unidos por una «respectividad» más radical que la relación y una «actualidad» más profunda que la intencionalidad. «La intelección humana es formalmente la mera actualización de lo real en la inteligencia sentiente».
La inteligencia sentiente implica que la inteligencia no es independiente del sentir. El puro sentir presenta las cosas como estímulos, pero hay un modo de «sentir» que las presenta como realidades (un sentir que lleva a la pregunta «¿qué es esto?»); i. e., un modo de sentir intelectivo por el cual la sensibilidad se hace intelectiva. La intelección humana, el acto de aprehensión según la formalidad de realidad, es la actualización de lo real en un solo acto que es a la vez sentiente e intelectivo.
3. La religación: el «poder de lo real»
El concepto de «religación» se refiere a la forma en que el ser humano está fundamentalmente ligado a la realidad. Las cosas no solo se le «actualizan» al hombre en la aprehensión humana, sino que se le «imponen» con una cierta fuerza —de las cosas— que es «última», «posibilitante» e «impelente». Esto significa que el ser humano se realiza «en» (ultimidad), «desde» (posibilitancia) y «por» (impelencia) la realidad actualizada en aprehensión.
Zubiri llama a este carácter de fundamentalidad de la realidad el «poder de lo real», que nos liga a la realidad, nos «religa». Esta «religación» es un dato primario, surgido de la descripción de la impresión de realidad. Para Zubiri, se puede afirmar la constitutiva religación del hombre a la realidad. Este poder, en tanto que último, posibilitante e impelente, es lo que Zubiri denomina «deidad». La deidad no es Dios en sí mismo, sino la realidad intramundana en cuanto poderosa y religante. Ahora bien, la razón tendrá que precisar justamente qué es este «ámbito de la deidad», pues la simple intuición no sabe lo que es, ni si tiene existencia efectiva como ente. Por la misma religación, elemento constitutivo de la estructura ontológica de la persona, el hombre se ve forzado a poner en juego su razón para precisar y justificar la índole de Dios en la realidad.
A través de un análisis de la historia de las religiones, Zubiri muestra cómo todas las culturas han expresado esta dimensión del poder de la realidad (las «poderosidades reales»), ya sea a través de dioses en las religiones antiguas o conceptos como la «physis» en la filosofía griega. Todas estas manifestaciones apuntan al enigmático fundamento de la deidad, que nos lanza a una búsqueda inquietante expresada como la «voz de la conciencia».
4. Dios
Zubiri distingue entre la «realidad como formalidad» (lo dado en la aprehensión) y la «realidad como fundamentalidad» (la realidad más allá de la aprehensión). Ejemplo: en la aprehensión del verde, este se impone como algo «de suyo» (distinto a nosotros). Esta es la «reidad» (realidad en la aprehensión). Como realidad formal, la luz es de suyo verde (nuestro estímulo); pero la física busca la realidad fundamental; es decir, el verde allende la aprehensión (una onda electromagnética).
Esto se aplica a Dios. La religación al poder de lo real es un hecho dado en la aprehensión, pero no agota el problema de Dios, solo lo plantea. La religación nos lanza más allá de la aprehensión, a buscar el «fundamento» del poder de lo real (= realidad como fundamentalidad). Esta búsqueda la realiza la razón teológica.
Este proceso racional hacia Dios tiene cuatro momentos: 1. El sistema de referencia (la porción de realidad que se estudia) es todo lo dado en la aprehensión (el poder de lo real, la religación) y requiere «voluntad de verdad» (expresión de Nietzsche). Esto quiere decir que no se puede acceder a Dios como idea o concepto; pues, si existe, es la realidad-fundamento y, por tanto, no solo se «esboza» con la mente, sino que se «experimenta» 2. En este sistema de referencia, la razón esboza (sugiere, presenta, insinúa) la realidad divina. Tiene que ser una construcción racional y lógica. A diferencia de las «pruebas de la existencia de Dios», este esbozo debe partir, para Zubiri, de la necesidad de fundamentar la realidad mundana y, en especial, la realidad humana. Por su inteligencia, la realidad humana tiene un carácter «trascendental» o «absoluto». El hombre está ab-suelto o desligado de la realidad y, al tiempo, religado a ella. El hombre es, por tanto, «absoluto relativo». Así, el esbozo racional debe fundamentar la realidad relativamente absoluta del hombre en una realidad absolutamente absoluta (=persona absoluta). 3. Al esbozo le debe seguir la experiencia (=la experimentación). Si el esbozo correspondía al Dios de los filósofos; la experiencia corresponde al Dios de las religiones. Esta experiencia es «probación física de la realidad», pues la experiencia «aprueba» o «reprueba» el esbozo. Hay cuatro modos: experimento (la prueba propia de las realidades físicas), comprobación (la prueba propia de las realidades matemáticas), compenetración (experiencia interpersonal, realidades religiosas), conformación (experiencia de la propia vida, realidades morales). La compenetración, propia de la experiencia de Dios, se da entre dos personas presentes. Para Zubiri, Dios «se hace presente» en el mundo (lo que antes llamaba «religación», «poder de lo real» o «deidad»). Este «momento de experiencia» reactualiza la presencia aprehensiva del poder de lo real. Es decir, por la experiencia, aprehendemos ahora «el poder de lo real» (=la deidad) como Dios mismo. El mundo aparece como «donación personal» de Dios, que produce en los hombres un «arrastre». Si no nos arrastrase, no podríamos acceder a él. El fundamento que nos arrastra es la presencia de Dios en las cosas, que exige de los hombres una «entrega», una respuesta voluntaria. La compenetración se produce entre la presencia de Dios como arrastre y la donación del hombre como entrega. Esta compenetración nos permite reformular, con mayor profundidad, la ultimidad (=acatamiento, base de adoración y fe), la posibilitancia (=súplica, base de la esperanza), y la impelencia (=refugio, base del amor). Así, somos en Dios, desde Dios y por Dios. 4. La experiencia nunca aprueba o reprueba completamente el esbozo. Por ello, verificar es siempre «ir verificando». La teoría científica siempre está abierta a la contrastación y refutación. La verificación, en la marcha del hombre a Dios, es la fe. Esta no es simplemente un asentimiento un juicio o testimonio, sino la «entrega a una realidad personal en cuanto verdadera». La fe, aunque firme, debe estar alimentándose siempre; creer es ir creyendo.
5. La religión
Según Zubiri, la religión es la plasmación concreta de la experiencia de religación al poder de lo real, tanto a nivel individual, social e histórico.
- Experiencia individual: Para Zubiri, toda experiencia humana es, en el fondo, experiencia religiosa. Por tanto, esta no se limita a las religiones. Hay tres niveles: fe teologal (la experiencia originaria de Dios), fe teológica (propia de las religiones positivas o históricas) y la fe cristiana (propia de la religión de deificación).
- Experiencia social: La experiencia, aunque cada uno la haga a su manera, es siempre un descubrimiento colectivo, social.
- Experiencia histórica: Si toda experiencia de la realidad (=historia) es experiencia de Dios, entonces toda la historia humana es historia de las religiones. El hombre ha buscado el fundamento por tres vías: politeísmo (fundamento múltiple), panteísmo (inmanencia) y monoteísmo (trascendencia). Solo el monoteísmo ha pervivido y goza de vigencia; pues supone un cambio fundamental en la experiencia del poder. Ahora, se percibe como manifestación mundana de una única realidad trascendente al mundo. En el monoteísmo, las cosas son reales «en» Dios. El cristianismo lleva esto al máximo grado, afirmando que las cosas son «deiformes», es decir, son como Dios ad extra. Cristo representa la cima de este proceso, ya que en él Dios se hace hombre y el hombre se hace Dios. El «ad extra» cristiano es «ser como Dios»; es la misma experiencia humana de Dios.
Para Zubiri, el cristianismo no es religión de salvación, sino de deiformidad. La forma más elevada de ser real en Dios es serlo deiformemente. Por eso, el cristianismo es la verdad «radical» y «formal» de todas las religiones.
El ad extra de Dios, su donación, se puede comprender en tres niveles: 1. La religación: es la experiencia absolutamente universal (teístas, agnósticos y ateos). Todos estamos religados, pues nuestra realidad es resultado de la donación de Dios ad extra. 2. La gracia sobrenatural: supone una presencia especial. Esto lo afirman todas las religiones históricas. 3. La encarnación: es el culmen de la donación divina y de la experiencia de Dios. Dios se hace persona en Cristo. Es ser «en» Dios y ser Dios. Por eso, dice, que Cristo fue la «religión subsistente».